ENERO: Mujeres. Nuestras vidas, nuestras luchas

Cada mes voy a recomendar y reseñar un texto, y a enero corresponde este libro. Para ser sincera, no es de mis favoritos en relación a la cuestión femenina. Hay varios puntos que quedan flojos, cosas que no terminan de cerrarme y en ciertas partes se nota que está desactualizado, ya que es una publicación hecha en el 2009 por el Grupo-taller “Entre nosotras”.

¿Entonces por qué lo recomiendo?

Cada capítulo abarca un tema específico, empezando por un breve recorrido histórico de la posición de las mujeres en los distintos sistemas económicos. Para alguien que ya tiene una formación sólida los planteos que presenta no van a ser nuevos, e incluso puede parecer demasiado ligero, pero es un buen disparador para debatir sobre las consecuencias de la división de la sociedad en clases sociales. Es a través de las dudas y discusiones que surjan de una lectura grupal la forma en que vamos a poder sacarle mejor el jugo a este tipo de textos, y sirve como una introducción para leer trabajos donde se trate la cuestión de una forma más profunda y compleja, como La mujer en el desarrollo social, de Kollontai, o El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels (acá pueden ver una selección de fragmentos de ese clásico marxista).

La diferencia entre los sexos no implica, por sí misma, un orden de relaciones jerárquicas entre varones y mujeres. No se puede explicar por la biología la desigualdad social ni las relaciones sociales que subordinan a las mujeres a la dominación masculina.

Las clases dominantes justifican su explotación naturalizando la división de clases (“siempre hubo ricos y pobres”, “nacemos con capacidades diferentes, unos progresan y otros no”, etc.) y también han naturalizado el patriarcado: la inferioridad de la mujer, su obediencia al padre o al marido, sus deberes y castigos, la esclavitud doméstica, la maternidad, la prostitución, etc. Los discursos sobre la “esencia” o la “naturaleza femenina” intentan justificar moralmente la función maternal y la total dedicación de las mujeres al servicio de la familia.

El segundo capítulo, mujer y trabajo, aborda un problema que nos hace dependientes de nuestras parejas y por lo tanto vulnerables a cualquier violencia: la precarización laboral, los sueldos desiguales, las dificultades extra para acceder a puestos mejor pagos, las exigencias sobre la maternidad y cómo ésta nos limita…

Mi capítulo favorito es el que escribió María Conti (también conocida como Josefina Rincón) que compartí hace un tiempo en esta entrada. Es la que tiene un contenido teórico más complejo, y responde a preguntas claves para cualquier marxista como de qué hablamos cuando decimos que la clase es la contradicción principal, y cómo se aborda la cuestión femenina desde el materialismo dialéctico.

Las contradicciones de clase y género, expresadas en la doble opresión, son de distinto carácter. La contratación de clase es la principal, entendiendo como tal a la que enfrenta a las clases y sectores dominantes de la sociedad, con el pueblo en su conjunto. La de género es secundaria, pero se establece entre ellas una relación dialéctica y requiere esta última de un abordaje específico. Cuando una mujer es golpeada o abusada sexualmente, requiere una contención que no resuelve la política general solamente (…) Entendemos que en el momento en que una mujer está siendo golpeada o abusada sexualmente, esto pasa a ser la contradicción principal a resolver en ese momento concreto.

El capítulo dedicado al caso de Romina Tejerina, a la que llaman simbolo de la opresión que sufrimos las mujeres, abre a la temática del aborto, la anticoncepción y la educación sexual como necesidades urgentes de las mujeres. El libro cierra con un paneo general sobre el problema de la prostitución, introduciendo de forma breve qué es el abolicionismo. Otra vez, para alguien que ya tiene una postura desarrollada sobre estos temas, los capítulos aportan poco, pero es un libro excelente para sentar las bases sobre temas básicos en relación a la opresión de las mujeres y a partir de ahí construir mediante la discusión y la práctica una línea revolucionaria que realmente tenga en cuenta a la mitad del cielo e impulse nuestra liberación como paso imprescindible para la liberación del pueblo en su conjunto.

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